¿Qué tan seguros están tus datos? La privacidad de datos ya no es un requisito legal, es una decisión de negocio.
- DigiSOC

- 28 ene
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Durante años, la privacidad de datos se gestionó como un tema de cumplimiento: políticas, consentimientos, auditorías y poco más. Pero hoy, cuando las empresas toman decisiones en tiempo real apoyadas en analítica avanzada, inteligencia artificial y ecosistemas digitales cada vez más abiertos, esa visión se queda corta. La verdadera pregunta ya no es si una organización cumple, sino si controla realmente sus datos.
En el marco del Data Privacy Day, entrevistamos a Luis Roncancio, CTO de DigiSOC, quien pone el foco en ese punto ciego que muchas compañías aún no quieren mirar: los datos se mueven constantemente (entre nubes, aplicaciones, terceros y modelos de IA) y la mayoría de las estrategias de privacidad no están diseñadas para ese movimiento.
“Seguimos tratando la privacidad como algo estático, cuando el dato es dinámico por naturaleza”, plantea Roncancio, y ahí empieza el problema.
Hoy, los datos no solo se almacenan: se comparten, se procesan, se entrenan y se reutilizan. Las herramientas de inteligencia de negocio, plataformas colaborativas y modelos de IA generativa aceleraron el valor del dato… pero también su exposición; por ejemplo, subir un archivo sensible a una herramienta externa puede parecer una acción trivial, pero en muchos casos implica perder trazabilidad y control sobre esa información.
No es una preocupación teórica, pues el costo promedio global de una filtración de datos ya supera los 4.8 millones de dólares, y los tiempos de detección y contención siguen siendo uno de los factores que más impactan ese costo. A esto se suma un patrón claro: una parte significativa de los incidentes sigue teniendo al factor humano como origen, ya sea por error, desconocimiento o exceso de confianza.
Para Roncancio, ahí está el punto de quiebre: no se puede seguir dependiendo únicamente de procesos manuales ni de la buena intención de los usuarios. La privacidad moderna necesita controles que operen a la misma velocidad que el negocio.
Eso implica un cambio de mentalidad: pasar del simple cumplimiento normativo a un enfoque de control activo de los datos, donde cada acceso, transferencia o uso se evalúa en tiempo real donde, en lugar de asumir que un usuario es confiable por su rol, se valide el contexto: qué dato solicita, desde dónde, para qué y con qué nivel de riesgo.
Este enfoque, alineado con modelos como Zero Trust, permite reducir drásticamente la exposición cuando los datos están en movimiento; en otras palabras, no se trata de bloquear el negocio, sino de habilitarlo con reglas claras, automatizadas y medibles.
La inteligencia artificial también juega un doble rol: mal gobernada, amplifica el riesgo;bien aplicada, se convierte en aliada. La clasificación automática de información, detección de comportamientos anómalos y contención inmediata ante posibles fugas son ejemplos de cómo el machine learning puede reducir errores humanos y acortar tiempos de respuesta.
Pero la tecnología, por sí sola, no resuelve el problema.
Uno de los mensajes más claros de la conversación con nuestro CTO en DigiSOC, es que la privacidad no se fortalece comprando herramientas aisladas, sino construyendo una estrategia, una que conecte seguridad, legal, tecnología y negocio, y que traduzca políticas en controles operativos reales: quién accede, qué puede hacer y qué pasa cuando algo se sale de lo esperado.
El orden importa.
Proteger primero los datos en movimiento, establecer controles de acceso dinámicos, aplicar técnicas de minimización como tokenización o enmascaramiento y complementar con monitoreo de posibles exfiltraciones externas permite cubrir una parte significativa del riesgo desde etapas tempranas.
La consecuencia de no hacerlo ya no es solo una multa o una llamada del regulador, es pérdida de confianza, daño reputacional y, en muchos casos, impacto directo en la continuidad del negocio.
En un entorno donde los datos son el activo que define la ventaja competitiva, protegerlos no es una obligación incómoda: es una decisión estratégica.
La privacidad, bien entendida, deja de ser freno y se convierte en habilitador. Permite innovar, adoptar IA y escalar modelos digitales con mayor seguridad y confianza.
Si requiere robustecer su estrategia de privacidad de datos, no dude en contactarnos.




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